La Fundación Franz Weber ha reclamado este viernes al Ayuntamiento de Écija que evite el acceso como espectadoras de los menores de edad, en la corrida de toros prevista para el sábado 28 de febrero, Día de Andalucía.
Así, poco después de la nueva advertencia del Comité de los Derechos del Niño, el Gobierno Local no ha dispuesto ninguna medida de sensibilización o prevención para que menores puedan visualizar actividades de reconocida violencia contra animales y, eventualmente, contra participantes.
La ONG explica que el Comité de Naciones Unidas dejó muy claro que niñas, niños y adolescentes no deben participar en ningún formato de la tauromaquia en sus Observaciones Finales, publicadas el pasado día 6:
“Preocupado por el hecho de que los niños sigan presenciando la violencia y la muerte de los participantes durante las fiestas taurinas populares que se celebran en todo el Estado parte, el Comité reitera sus recomendaciones anteriores y recomienda que el Estado parte, tanto a nivel estatal como de las comunidades autónomas, establezca la edad mínima de 18 años para participar en eventos, festivales y escuelas taurinas, sin excepción, y lleve a cabo actividades de sensibilización entre los funcionarios públicos, los medios de comunicación y la población en general sobre los efectos negativos que tiene en los niños, incluidos los espectadores, la violencia asociada a las corridas de toros”
El organismo salió al paso de la revisión de España con hasta cuatro intervenciones que señalaban los efectos negativos sobre niñas, niños y adolescentes de presenciar violencia ejercida sobre animales.
Durante las preguntas a la delegación española los miembros del CDN
resaltaron la existencia de estudios que advertían sobre estas situaciones para el desarrollo social, psíquico y físico.
En este sentido, el coordinador de la campaña Infancia Sin Violencia, Rubén Pérez, ha explicado que “lo que se ofrece como una actividad tradicional en realidad busca normalizar ciertas prácticas nocivas sobre animales, trivializando que maltratar a un toro, una vaquilla o un eral, es una actividad aceptable si median cuestiones sociales, culturales o políticas. Los menores aprenden a imitar prácticas violentas entre el refuerzo positivo de adultos, entre ellos sus propios familiares y referentes absolutos en su desarrollo psicosocial y moral”.












