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Juan Méndez Varo


Miércoles, 28 de febrero de 2024

En esta bella panorámica parcial de la plaza de España de nuestra ciudad se puede contemplar, en primer término a la izquierda, uno de los cuatro artísticos quioscos que se encontraban ubicados en cada esquina. Si las actuales generaciones aún lamentan la destrucción del templete de la música, idéntico sentimiento generó en la población la desaparición de los populares quioscos.

Consta documentalmente que, en sesión celebrada el día 7 de marzo de 1898 por la Corporación Municipal del Excmo. Ayuntamiento, se concedió a Domingo Osuna establecer en la Plaza Mayor cuatro quioscos, en sustitución de otros que se encontraban en mal estado. Estos tenían que ser construidos por cuenta propia, sin gravámenes ni arbitrios y a cambio de ello se le concedió la exclusividad de su explotación. Los quioscos fueron levantados con arreglo a un modelo aprobado por el propio Ayuntamiento y  con la posibilidad de erigir dos más para los lados centrales siempre y cuando la Corporación lo considerara oportuno. La duración de la autorización se podría prolongar durante veinte años, y se le autorizaba además “para percibir por sus arrendatarios por vía de indemnización el capital empleado: sesenta y dos y medio reales diarios por cada uno de los dos más próximos a la fachada de las Casas Capitulares y cincuenta céntimos por los del lado opuesto” (1).

Unos meses después de esta concesión, en concreto en 5 de agosto de 1898, pacta con el ecijano  Manuel Roger Rodríguez, la cesión y venta de los cuatro quioscos por precio de dos mil quinientas pesetas, subrogándose el señor Roger en cuantos derechos y deberes le eran inherentes tales como su conservación, mantenimiento y la reversión en perfecto estado al Ayuntamiento, una vez transcurridos los veinte años. En 1912 sabemos que uno de estos quioscos se encontraba explotado por don Manuel Montes  y destinado a café y bebidas de todas clases, especialmente la de más consumo popular en la población en aquel tiempo: el aguardiente de Rute.


A la izquierda de la fotografía se puede apreciar la calle Zapatería (hoy Mas y Prat), una de las más bellas de la ciudad en la que sobresale la Casa del Gremio de la Seda, que es una de las pocas que conservan aún su fachada policromada y su tejaroz sobre el balcón.

El primero de los edificios a la derecha  de la calle Mas y Prat,  pertenece al  mirador de los Excmos. Señores Marqueses de Peñaflor y Cortes de Graena, de cuatro plantas y fachada policromada, en la que se utiliza como soporte en su triple arquería un pilar poligonal decorado con labores en ladrillo que le da curioso aspecto de estípite, el edificio queda coronado con el escudo del marquesado.

A continuación del mirador encontramos el edificio del Casino Ecijano, a la sazón uno de los mejores de Andalucía, con espléndidos salones en los que campeaba un exquisito gusto artístico y cuya ornamentación lujosa quedaba completado con el confort. Fue centro de reunión de una determinada clase social de cierto poder adquisitivo y eran célebres las fiestas que se celebraban en sus salones. Sus puertas  permanecían abiertas durante las  veinticuatro horas del día y en él había un excelente restaurante. En la segunda planta se hallaban establecidos la Cámara Agrícola y el Ateneo Científico Literario. Merece la pena reseñar la importante labor cultural y social que tuvo en nuestra ciudad este Ateneo en los albores del corriente siglo.


El Ateneo Astigitano dirigido por un grupo de jóvenes entusiastas fue una de las instituciones modélicas de Écija. A pesar de su corta vida realizó una extraordinaria actividad organizando conferencias donde se daban cita oradores procedentes de la política y de la literatura e incluso se celebraron conferencias para los escolares ecijanos.

Como difusor de la cultura promulgó la educación a más de cincuenta jóvenes de las clases más humildes. Como centro de iniciativa, fue la organizadora de la Fiesta de la Rosa y la Fiesta del Árbol.  Como sociedad altruista y humanitaria promovió diferentes excursiones llevando a las playas a una colonia escolar. Y gestionó la implantación en Écija de una Escuela de Artes e Industrias Agrícolas.

Por otra parte, a la derecha del Casino Ecijano tenemos el edificio del Banco Español de Crédito, inmueble que en marzo de 1945 adquirió esta entidad a Eduardo Herrera Rodríguez y que se  alzó tras el derribo de otro de soportales de dos plantas. Ello viene evidenciar que todos los edificios  comprendidos desde el edificio mirador de Peñaflor hasta la esquina de calle San Francisco, al igual que el lado sur de la Plaza sus bajos eran soportales.


Lamentablemente, este sector norte de la Plaza Mayor Écija, el popular “Salón”, se encuentra sin vida propia y abandonado. Al mirador de los Marqueses de Peñaflor se ha colocado una red para evitar que los desprendimientos afecten a los peatones y además, como medida de seguridad. Las cinco estatuas que coronan el mirador de Peñaflor han sido retiradas por motivos de seguridad y llevadas al museo municipal para su restauración. De hecho, la estatua central, la mayor de todas, presentaba una peligrosa inclinación hacia la calle, a pesar de estar sujeta con abrazaderas metálicas desde hace años. A continuación tenemos el edificio del Casino Ecijano que junto con todo su mobiliario fue vendido años antes de cumplir su primer siglo. En la actualidad está cerrado ignorándose su destino;  y por último,  el Banco Español de Crédito, uno de los primeros bancos que se implantaron en Écija ha cerrado sus oficinas y tiene igualmente un destino incierto.

No quisiera concluir estas líneas dejando un paisaje negro ni mucho menos de nuestra Plaza, del “Salón”, desde aquí animamos a la administración local, propietaria del mirador, a los propietarios del antiguo Casino Ecijano y a la entidad bancaria titular del edificio esquina con la calle San Francisco, a que inicien a la mayor brevedad las fórmulas necesarias para sus rehabilitaciones y que se doten a éstos  de los usos necesarios con el  fin de que este bello sector de la Plaza Mayor vuelva a resplandecer como lo hacía durante muchas décadas en los siglos XIX y XX.

(1). Archivo General de Protocolos. Notaría de don Antonio Greppi. Año 1898.


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